Agentes de IA en Chile: la brecha entre interés, capacitación y reglas de uso

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Una encuesta sobre trabajo e inteligencia artificial en grandes organizaciones de América Latina muestra una brecha entre interés y preparación para usar agentes de IA en Chile. En la muestra chilena, el 63 % de las personas consultadas dijo querer delegar tareas a estos sistemas, pero reconoció no tener los conocimientos técnicos necesarios para configurarlos o crearlos.

El estudio Work:InProgress 2026, desarrollado en colaboración con IDC y Provokers, reunió 3.200 entrevistas en cinco países, incluidas 650 en Chile, entre julio y agosto de 2026. Sus resultados fueron comentados en el Google Cloud Summit Chile del 29 de octubre. Describen respuestas de una muestra de profesionales y no representan automáticamente a todas las empresas ni a todos los trabajadores del país.

Qué diferencia a un asistente de un agente

El informe distingue asistentes que ayudan a responder o crear contenido de agentes capaces de recibir objetivos y actuar sobre herramientas y datos. En la práctica, esa frontera depende del producto y de sus permisos: una aplicación puede sugerir un correo, mientras otra podría enviarlo si tiene autorización para hacerlo.

Ese paso cambia las preguntas de una organización. Ya no basta con revisar si una respuesta está bien redactada; también importa saber qué información puede consultar el sistema, qué acciones puede ejecutar y quién puede detener o corregir un error.

La encuesta no demuestra que todos los agentes que mencionan los participantes funcionen de la misma manera. Sus datos reflejan conocimiento y percepciones declaradas, no una auditoría técnica de los productos usados por cada encuestado.

Interés no es lo mismo que adopción consolidada

En Chile, el 86 % reportó que su empresa se encontraba en una etapa inicial, de adopción o aceleración de agentes. El informe aclara que ese porcentaje suma tres categorías: 27 %, 33 % y 26 %, respectivamente. Por separado, un 9 % reportó adopción consolidada con gobernanza e integración entre procesos.

La diferencia no debe convertirse en una comparación de empresas censadas. La pregunta se hizo a profesionales: sus respuestas describen cómo perciben el estado de sus organizaciones y varias personas podrían trabajar en una misma empresa. Tampoco significa que el 86 % ya haya desplegado agentes maduros.

La consolidación exige conectar la herramienta con un proceso concreto, definir responsables y comprobar el resultado. Una persona que experimenta por su cuenta y una compañía que integra un agente con permisos, registros y supervisión están en etapas distintas, aunque ambas puedan decir que usan IA.

Tres preguntas para pasar del interés a la práctica
  1. ¿Qué tarea se quiere mejorar y cómo se medirá?
  2. ¿Qué datos y acciones necesita realmente el agente?
  3. ¿Quién revisa el resultado y puede detener una acción?

Esquema editorial inspirado en Work:InProgress 2026, edición Chile.

El desafío de la capacitación

En la muestra chilena de 650 personas, el 67 % dijo no identificar capacitaciones regulares en su empresa. El informe también muestra otras respuestas sobre cómo se aprende a usar agentes, pero esas cifras se basan en un grupo distinto: 305 personas con conocimiento activo o experiencia de uso. Las bases diferentes impiden tratar todos esos porcentajes como si describieran al mismo conjunto.

La capacitación puede abarcar más que aprender a redactar instrucciones. Un equipo necesita entender qué datos puede compartir, cómo verificar una respuesta, cuándo pedir revisión y qué hacer si una herramienta entrega información incorrecta. Esos elementos ayudan a conectar habilidades con responsabilidad sobre el trabajo.

Que una persona diga no tener conocimiento para configurar un agente no implica que no sepa usar ningún asistente. El 63 % corresponde a una afirmación concreta de la encuesta sobre el deseo de delegar y la preparación técnica necesaria para configurar o crear agentes.

Agentes personales en el trabajo

El 47 % de las 650 personas consultadas en Chile declaró usar agentes de IA personales, no proporcionados por su empresa, en actividades profesionales. Ese dato describe uso autodeclarado; por sí solo no indica qué información se compartió ni demuestra que cada uso incumpla una política interna.

Entre los 303 participantes que dijeron usar agentes personales para el trabajo, el 53 % percibió riesgo bajo o ningún riesgo para la seguridad de sus actividades o empresa. La percepción es distinta de una evaluación técnica de seguridad. Algunas personas también señalaron privacidad, seguridad o facilidad de uso como motivos para elegir herramientas personales; esas respuestas no prueban que una cuenta personal sea más privada o segura.

El informe indica que el 78 % de la muestra chilena no identifica una política clara de uso. Para reducir incertidumbre, una empresa puede explicar qué herramientas están autorizadas, qué información no debe compartirse y cómo pedir acceso a alternativas adecuadas. Esa es una recomendación editorial, no una solución evaluada por el estudio.

De los permisos a la confianza

Un agente conectado a archivos o aplicaciones debe operar con los permisos apropiados para la tarea. Conviene distinguir consultar información, proponer cambios y ejecutar acciones. Esas capacidades pueden requerir controles diferentes y una revisión proporcional al impacto de cada acción.

También importa mantener trazabilidad: qué fuente se utilizó, qué acción se propuso y quién la aprobó. Si el sistema no encuentra información suficiente, una respuesta útil puede ser señalar el límite en lugar de completar una suposición con seguridad aparente.

Las reglas formales necesitan acompañamiento práctico. Una política que prohíbe herramientas sin ofrecer alternativas puede dejar necesidades laborales sin resolver; una adopción sin controles puede exponer datos o generar decisiones difíciles de revisar. El estudio identifica percepciones y brechas, pero no prueba qué intervención resolvería cada caso.

Cómo leer la muestra sin exagerar

El documento describe entrevistas online cuantitativas en Chile, Argentina, Brasil, Colombia y México. La muestra chilena incluye personas de distintos sectores y niveles jerárquicos; el informe identifica categorías de organizaciones grandes, muy grandes y enterprise. No hemos visto en el documento una metodología suficiente para generalizar sus porcentajes a todas las pymes o a la totalidad de las personas ocupadas en Chile.

Como se trata de respuestas autodeclaradas, conocer una herramienta no equivale a dominarla. El 96 % que el informe agrupa como conocimiento de asistentes reúne a quienes conocen el concepto, tienen conocimiento activo o trabajan con ellos. No demuestra que el 96 % los use diariamente ni que haya alcanzado una competencia técnica certificada.

La presentación utiliza porcentajes redondeados, por lo que algunas sumas pueden diferir ligeramente. En la comparación de riesgo entre usuarios personales, la base de 303 es diferente de la muestra chilena total de 650. La lámina muestra 53 % agregado para riesgo bajo o ninguno, aunque las categorías redondeadas que exhibe son 25 % y 27 %; el informe no explica esa diferencia concreta. Mantener esos denominadores visibles evita atribuir el resultado a personas que no respondieron esa pregunta.

Qué pueden hacer los equipos con esta información

Una organización puede partir por una tarea concreta: identificar su propósito, la información necesaria, los riesgos de error y el tiempo que hoy requiere una persona. Con esa línea base resulta más fácil evaluar si una herramienta ayuda sin trasladar el problema a una revisión posterior más costosa.

Un piloto puede registrar resultados aceptados, correcciones, costos y situaciones en las que se negó acceso o se pidió aprobación. Para comparar equipos, conviene usar tareas y criterios semejantes. Este procedimiento es una propuesta editorial y no una prueba realizada por el informe.

También es útil consultar a los trabajadores sobre por qué recurren a herramientas personales. Una respuesta puede revelar una necesidad de acceso, integración o formación; no necesariamente una falla individual. La solución depende de las obligaciones de datos y de los sistemas de cada empresa.

Qué falta por verificar

Los datos se recogieron en julio y agosto de 2026. La cobertura de Radio Concierto del 29 de octubre los relaciona con el Summit de ese día; Google ya había mencionado un estudio Work:InProgress en una agenda de junio. Por tanto, esta noticia describe resultados presentados o difundidos en ese contexto y no afirma que toda la investigación se haya creado el 29 de octubre.

No hemos evaluado las cuentas individuales, comprobado las políticas de las organizaciones participantes ni probado que una capacitación específica cambie estos indicadores. El informe expresa lo que respondió la muestra bajo las preguntas y categorías declaradas.

Preguntas frecuentes

¿El 63 % de todos los chilenos quiere usar agentes?

No. El porcentaje corresponde a la muestra chilena de profesionales y combina deseo de delegar tareas con falta de conocimientos técnicos para configurarlos o crearlos.

¿El 47 % usa información confidencial en cuentas personales?

La cifra describe uso de agentes personales para actividades profesionales; no identifica por sí sola qué información se compartió.

¿El 86 % tiene agentes plenamente integrados?

No. Suma etapas inicial, de adopción y de aceleración. El 9 % reportó una etapa consolidada por separado.

¿La encuesta representa a todas las pymes?

No se debe extrapolar sin evidencia adicional: el documento describe una muestra de profesionales de organizaciones clasificadas como grandes, muy grandes y enterprise.

Fuentes

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